Mi trayecto EH   

 

 

 

  

Al hacer balance de este recorrido, estoy especialmente orgulloso de haber podido participar, durante más de 40 años, en un gran movimiento civil internacional, auto-organizado, basado en el libre intercambio y en la mejora de los recursos y de las ideas, en el interés general humano, sin ritualización ni explotación comercial o financiera de la buena voluntad de nadie. Al hacerlo, pude transmitir un patrimonio cultural público esencial, sin obtener de él ninguna remuneración que no fuera una satisfacción ética.

Y creo que todo esto estaba en germen desde mi infancia. Porque desde mis primeros años de escuela, yo era a la vez compartidor y curioso de todo, y me gustaba analizar, organizar, sintetizar, proyectar. Tanto durante mis estudios como en mi vida profesional, he sido lo más ecléctico posible y no me he especializado en un campo particular. He intentado acumular la mayor cantidad posible de experiencias y de conocimientos en varios campos, relacionados con personas, necesidades y técnicas diferentes. Después de madurar, quise retransmitir lo que había aprendido y entendido, para devolverle a mi sociedad al menos tanto como ella me había dado, pero pensando como HD Thoreau " Qué vano es sentarse a escribir cuando uno no se ha levantado para vivir".

Efectivamente, la vida de pie me ha traído muchos riesgos, peleas, peligros, aventuras y (evidentemente) conocimientos, me he construido a mí mismo, y he construido con todo eso. Entre mis actividades constructivas adultas, he sido ingeniero y experto ambiental, en particular para el 6o programa marco de investigación de la Unión Europea, luego creador de empresas productivas y dirigente de organizaciones civiles. De 1998 a 2008, me convertí en presidente de una agrupación internacional de ONG eco-humanistas, estrictamente independiente y no alineada, que representé ante la ONU como parte de su estatus consultivo permanente. También he sido organizador y formador de cuadros y animadores de diversas organizaciones eco-humanistas, en varios países.

Luego fui elegido, de 2008 a 2009, Presidente del Comité de Desarrollo de la Conferencia de las ONGs con estatuto permanente en las Naciones Unidas. Todo esto con total libertad, y porque mi trayectoria eco-humanista fue el resultado de una sinergia entre una profunda implicación personal en la realidad de mi sociedad contemporánea y un entusiasta descubrimiento de las raíces profundas del humanismo histórico.

Había sentido un interés motivador al descubrir que se podían coordinar y prolongar obras de filósofos griegos antiguos y de filósofos humanistas del Renacimiento europeo y del siglo de las Luces, en particular relacionando en esto textos védicos. Antes de eso, también me había impresionado el trabajo de mi padre Louis Carl, un etnólogo-explorador que había trabajado en las antiguas civilizaciones del Sahara. Y en 1972, Maurice Joyeux me orientó hacia los filósofos racionalistas, a raíz de artículos que yo había publicado en el periódico Le Monde Libertaire, que él patrocinaba.

Me sumergí con gusto en la valoración de todo esto, interesándome particularmente por la relación histórica de la Humanidad a su entorno en evolución, y a los pensadores que mejor trataban este tema. Poco a poco, he seleccionado y profundizado algunos textos importantes, acercándolos a  descubrimientos científicos modernos, y todo esto parecía ajustarse y completarse de manera sorprendente. Hasta el punto de que tuve ganas de hacer emerger una síntesis lo más clara y exhaustiva posible, manteniéndome en la trayectoria de evolución y de transmisión que había llevado estas aportaciones hasta nuestra época. Entonces comencé a redactar las bases y el esquema de lo que se compilará luego para convertirse en mis libros "Eco-saberes para todos" y "Un gran proyecto humano".

Por otra parte, al buscar lo que ya podría existir de similar, también me di cuenta de que algunos precursores talentosos ya habían hecho este tipo de pasos, pero sin insistir lo suficiente en el hecho de que una síntesis de conjunto encontraba su coherencia al inscribirse dinámicamente en la larga tradición filosófica de un humanismo natural en evolución, y en corrección, permanentes. Y cuanto más yo avanzaba, más descubría que todo esto se inscribía efectivamente en un proceso evolutivo natural, inmanente, un verdadero proyecto intrínseco auto-generado, llevado y corregido por la Humanidad. Este proceso era subyacente, pero ahora tendía a emerger mejor. Sólo hacía falta discernir bien su iluminación sobre el futuro, su prospectiva, su proyectabilidad, para que su contenido revelara todo su sentido.

Intenté convencer a los ecologistas que conocía de ello, porque también aportaba una nueva perspectiva sobre la ecología moderna. Fue difícil. Yo había apoyado con algunos la campaña política del ecologista René Dumont en 1974, para la Presidencia de la República Francesa, pero fracasó, y la mayoría de los activistas ecologistas de la época comenzaban a ser considerados por la opinión pública como excesivos, sectarios, o anti-humanos. Mejor valía entonces apoyarse en valores más sensatos, más constructivos. Finalmente, en 1979, con algunos amigos que compartían estas ideas, decidimos, por falta de una mejor organización y con nuestros propios medios, desarrollar estructuras que combinen armoniosamente ecología científica y humanismo histórico, con una filosofía actualizada de la gran Casa (eco/oïkos) humana en desarrollo conjunto en su entorno externo (natural) e interno (social). Nuestro enfoque ha hecho escuela, ya que otras asociaciones y redes que promovían este eco-humanismo innovador se han constituido en un país y luego en otro, año tras año, según nuestro ejemplo. He asesorado y formado a muchos de los animadores de estas nuevas estructuras.

En esa ocasión, me di cuenta además de que necesitábamos obras de síntesis ad-hoc sobre los fundamentos filosóficos, históricos y científicos, y sobre los principales temas, de nuestra corriente de pensamiento en actualización. En 1998, retomé mis notas de trabajo de los años 1970, y las fichas que había redactado para las primeras formaciones de los años 1980, y esto me sirvió como núcleo para escribir los libros "Eco-saberes para todos" y "Discursos sobre la ecología humanista y la filosofía de la evolución", modificado luego para convertirse en "Un gran proyecto humano" en 2010. Al hacerlo, desde entonces he trabajado de hecho y de corazón como antropólogo.

Y allí, el proceso de autocorrección permanente, fundamental en eco-humanismo, me ha sido particularmente útil para mejorar progresivamente estas obras, y la formación de mis estudiantes y animadores. Por un lado, he corregido estos libros varias veces y, por otro, me ha llevado a reflexionar también sobre el sentido de la programación cultural evolutiva humana. En efecto, a mediados de los años 1980, en los primeros tiempos de la informática en PC (con mis Alphatronic, Amstrad y luego IBM), comencé a programar una aplicación simple de inteligencia artificial, para facilitar entonces la gestión de una empresa cooperativa, combinando una base de datos, reglas operativas, y un motor de inferencia y de autoaprendizaje. No tuve suficiente tiempo libre y experiencia en programación avanzada para terminar técnicamente este proyecto, pero había esquematizado y probado al menos el funcionamiento lógico. Yo concebía entonces la inteligencia artificial como un simple ersatz creado por la inteligencia humana para externalizar utilmente ciertas tareas, y liberar por tanto sus capacidades cognitivas para otras tareas no externalizables, que requerían una intuición y un arbitraje humanos.

Pero la concepción lógica de tal inteligencia artificial podía también, en ciertas condiciones, iluminar nuevos aspectos y fundamentos de nuestro funcionamiento social. En este caso, y aunque el eco-humanismo no se puede reducir o asimilar a un sistema cibernético, yo había notado que la herramienta cultural eco-humanista tenía características adaptativas que lo hacían comparable en algunos puntos con un software experto capaz de gestionar bien nuestras sinergias evolutivas, siempre y cuando las bases del conocimiento, las reglas de funcionamiento, y los algoritmos de aprendizaje e inferencia, siguen siendo adecuados y controlables proactivamente por el cerebro humano colectivo global.  He mejorado mis conocimientos y mi práctica del eco-humanismo y de la antropología teniendo esto en cuenta. Y pasé el relevo a otros que querían continuar por este camino, que implicaba la prioridad de la voluntad humana legítima y del interés general en el desarrollo humano, sin impedir la utilización de concepciones y herramientas eficaces que no contravinieran tal desarrollo.

Hoy, con todos esos recuerdos aún vivos en mi cabeza, sigo deseando coraje y perseverancia a todos los eco-humanistas. Sigamos compartiendo y poniendo en común nuestros recursos, y ayudándonos mutuamente. Nos sentiremos más motivados y fuertes para tener éxito.




Marc CARL                 
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